Todo parecía indicar que la última edición del Festival de Sitges se saldaría con gran premio para la última película de Jim Jarmusch, Only Lovers Left Alive, favorita de antemano por su calidad y sobre todo por el enorme prestigio de su realizador. Sin embargo, cuando el presidente del jurado desveló el palmarés la sorpresa fue mayúscula: el premio a la mejor película recaía en Borgman, una cinta que se ha erigido en una de las grandes sorpresas de la temporada. El filme, coproducido entre varios países noreuropeos, es una cinta a medio camino entre el terror, el suspense, la alegoría, el humor negro y el costumbrismo que se centra en la historia de un indigente que, gracias a la complicidad de una mujer, se instala en una casa altoburguesa y trastoca para siempre con su presencia la vida de los miembros de la familia. Una planteamiento que se entronca en varias películas anteriores que pensamos era interesante revisar de manera conjunta para comprobar de manera unitaria todas sus ramificaciones.